domingo, 9 de enero de 2011

Brevedad, divino tesoro



La Lluvia de Hojas que nos aguarda es brevísima. Basta para refrescar algunas ideas. O lanzar algunas imágenes al vuelo. En ocasiones queremos que las palabras no acaben. Que nos solacen durante mucho tiempo. En otras oportunidades preferimos escuchar el silencio.

La brevedad es el preludio del silencio.

Unas Reflexiones Instantáneas nos habla sobre ese particular, desgranando fragmentariamente algunos apuntes para que el lector los desarrolle.

Un breve relato le sigue. Morfeo en los Infiernos. Mezcla viscosa de arquetipos en la calle, en la cotidianidad sórdida del personaje o en la despreocupada del viandante.

Tres Haikú concluyen esta llovizna que hoy saluda al lector.

Reflexiones instantáneas



Ideas de un instante pueden permanecer el resto de nuestras vidas como materiales o como fantasmas para las reflexiones, los sueños y las pesadillas.

La poesía es siempre una aproximación a colocar el corazón a la vista de la mente. Ambos términos tienen significado para ella.

El poeta revela su propio universo. No interpreta el universo. Este último es, para el asombro y el silencio.

La necesidad de escribir se descubre cuando no tenemos ni un lápiz a la mano. Entonces la frágil memoria debe forzarse para anotar lo que pueda en hojas atemorizadas que vuelan con cualquier ruido.

La escritura será inagotable. Siempre volveremos sobre los mismos temas, inconclusos vitaliciamente.

Atreverse a decir es la primera osadía que comete quien desea ser escritor. La memoria o el olvido serán siempre indulgentes con este gesto.

Pocas o muchas palabras pueden decir lo mismo. La explicación abundante puede ser una perversión expresiva.

Es necesario dejar pensar al lector y escribir oportunos silencios.

De nuevo, lo bueno mejor si poco. Lo malo también.

Morfeo en los infiernos



Se extiende en la acera plegado al mundo de los sueños. Los caminantes lo ven como un simple accidente del paisaje urbano, al cual eluden con el cuidado de quienes no desean pisar un material orgánico peligroso. Él se remonta a su pasado, a sus inicios como músico en el bar Las Puertas del Cielo, donde conoció a la amada que lo abandonó en brazos de una sobredosis. Ve también sibilante su futuro como conductor de una orquesta de extraños y deformes instrumentos tropicales y como héroe de largas y modosas batallas callejeras sombrías donde recupera a su amada. Con esta mezcla y con la ayuda de algunas traicioneras sustancias crea su paraíso infernal.

Su presente –el de un ser en profundo sopor por efecto de una vida que no termina de acabarlo– está expuesto sólo a los demás. Su ausencia en la tierra persiste hasta que el sol de media mañana lo despierta reblandecido, hecho parte del pavimento. Reemprende entonces sus esfuerzos diarios que buscan sólo sumirse de nuevo en el mundo onírico donde reina entre monstruos de diverso talante pero, definitivamente, más amistosos que los transeúntes.

Tres haikú



Calmado día,
gruesas nubes alejan
toda agitación.


En la montaña,
las nubes recostadas.
El viento duerme.


Hoy no hay nubes.
Sólo un intenso azul
el alma alegra.