Como decíamos ayer, si ayer lo leíste, o si lo escuchaste del propio fray Luís en su clase anterior en un aula salmantina, la lluvia de hojas cae de nuevo sobre nuestras desprevenidas cabezas.
Parecía que no iba a volver. Pero como una canción estaba escrito. Y allí sigue y proseguirá cada vez que abras este espacio y tiempo especiales. En él las realidades se conservan muy bien en su jugosa palabra e imagen si las fijamos con el formol adecuado.
Si ayer era nueve y hoy es diez, lo que cambia es un número, bien sea el de la fecha, del día, del mes o del año. No importa. La lluvia vuelve por sus cauces naturales. Del cielo a la tierra por caída libre o de la tierra al cielo por ascenso forzoso. Aunque casi siempre pasa por el infierno de nuestra cotidianidad para refrescarla.
El detalle, no con poca frecuencia, es la expresión más significativa de untodo particular. Aludimos generalmente al detallecomo una parte, en oposiciónal todo. Como una ilustración de la calidad del todo,cuando más. Así lo valoramos como un elemento que puede estar presente o pasarsin ser percibido. Ninguna catástrofe ocurriría por prescindir del detalle.
Mas no es así.
El detalle es el todo. Si nos fijamos en una parte, esa parte constituye el foco denuestra atención y por pequeña que parezca es el universo de la conciencia presente.
El tamaño no representa la cualidad de todo o detalle. Algo mínimo puede estar completo en sí mismo y representar un todocon cabal sentido. Algo gigantesco puede dejar de tener sentido sin el detalle.El universo es inconcebible en una sola imagen.
Lo que parecen detalles del lugar donde transitamos, en este caso un lugar natural intervenido por el ser humano, como es una casa o más específicamente el jardín de una casa, son universos detallados con una amplia gama de elementos por ser descubiertos.
El ojo recrea esos elementos que están en el todo, volviéndolos particularmente significativos. La naturaleza vive en cada espacio. Aunque podría vivir tambiénen uno de ellos el universo humano a través de sus creaciones.
Pero este recorrido reflexivo es por el mundo de la naturaleza visible de pequeña escala, no microscópica, con grandísimo color y belleza. Esta última se la agregamos en nuestra apreciación. A ella, a al naturaleza misma sólo le interesa ser atractiva a los fines de su persistencia, de su reproducción, de su proyección en el tiempo y en el espacio. En un proceso que va más allá de la comprensión de una conciencia particular.
Estas flores en movimiento que ilustran esta nota apenas son un destello de los universos que guardan lo que podemos llamar detalles. Y que conservan en sí enormes detalles del universo. Para los ojos que estén prestos a verlos.
Esta lluvia, predominantemente vegetal, inspecciona el detalle en el momento que deja de ser tal para ser la forma, el todo, la cosa en sí. O cualquier otra categoría con la que la queramos definir el universo en el que fijamos la mirada.
La aceleración deja paso a un movimiento constante más reposado. El trabajo emprendido debe ser degustado, revisado, plantado para que algún fruto salga de él.
Esta lluvia no ha desaparecido. Continúa cayendo cada vez que alguien accede a ella. La regularidad de enriquecimiento de su contenido ha variado. Seguirá nutriéndose a lo largo del tiempo. Continuarán sus aguas acumulándose sin estancarse ni apestar.
A los que creían que la lluvia había cesado, les puedo asegurar que no. Allí se mantendrá, a su ritmo de llovizna o rocío. O alguna otra medida ridícula de cantidad. Pero aquí estará, suspendida de sus electrones hasta que exista la red.
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