sábado, 14 de junio de 2008

ENSAYOS Y MÁS ENSAYOS NARRATIVOS

En esta Lluvia de Hojas, el ensayo toma forma de imagen, al recorrer una avenida de una ciudad. Un camino que prefigura la vida misma, en la que podemos surcar y ver las diversas posibilidades del caos humano, buscando organizarse para llegar a algún lado.

El ensayo continúa en un Consejo Inútil, dado a quien desee practicar ya no la fotografía sino el arte del video doméstico. Desenterrado del baúl de los videos viejos, este ensayo alguna vez asustó a los lectores de El Diablo de Caracas, un semanario humorístico del que ya nadie quiere acordarse.

Un relato donde nuevamente aparece el personaje del Niño de la casa, recorre el camino del recuerdo de su primera comunión. Más que la descripción de un tiempo, allí el avezado lector que eres encontrará la descripción de una psicología particular, por encontrar un final tan característico que borra muchas ideas preconcebidas acerca de la religiosidad.

No te recordaré que el resto es tuyo. Lo sabes. Manifiéstalo en palabras, en comentarios. Serán oportunos y enriquecedores.

EN LA VÍA

José Gregorio Bello Porras

Estar en la vía es casi sinónimo de transitar el camino de la vida. Sólo que sin una d, según el idioma castellano. Pero a la vez es una de esas expresiones que da para muchas interpretaciones diversas y disímiles.

Indica a veces la paridad de conductas, generalmente ilícitas, de dos personas que entienden la jerga. Indica un compartir valores o antivalores en ese tránsito interminable de la existencia. Interminable hasta que el transportista diga: Hasta aquí llegamos. El viaje terminó.

Y el viaje puede terminar por cumplimiento de la ruta o por accidente del vehículo. Un ruido violento, un frenazo y se acabó el viaje. Sigan a pie o en otro transporte.

En la vía se ven muchas cosas, muchas personas, muchas expresiones. Todas disímiles, todas forman una explosión en crecimiento hacia todas las direcciones de la existencia. Así crecen los edificios, las casas, las estructuras, los árboles y hasta la gente.

La vía nos va develando el mundo donde nos encontramos. Pueden existir diversos mundos. Podemos vivir en varios de ellos al mismo tiempo, convivir en varios simultáneamente.

Son los mundos creados por diferentes entornos e individuos y que se combinan en una especie de caos muy ordenado. Son mundos que andan en las calles, se refugian en las casas o tratan de mantener su inefable ponderación en los edificios públicos o privados.

Nada mejor para constatar estas afirmaciones de la vida En la Vía que haciendo un viaje en un transporte colectivo. Allí nos encontramos plenamente en la vía, viendo lo que es el camino de la vida de un sector. Diferenciándolo del sendero que sigue otro fragmento poblacional u otros muchos individuos en otros sitios. A la vez nos sirve para encontrar los lazos que nos unen en la vía.

Por ello este ensayo fotográfico sigue la ruta de una avenida cualquiera, un río de vehículos circunscrito por aceras, edificaciones y árboles. Yendo de un sitio a otro, constatando la diversidad, la belleza y la fealdad reunidas sólo según los criterios ajenos o propios, la vida y la supervivencia en la calle.

Y como una imagen dice más que mil palabras, sigue una algarabía en esta selección tomada En la vía.






PRODUCCIÓN DE VIDEOS DOMÉSTICOS



José Gregorio Bello Porras

A lo mejor usted es de aquellos quienes se esfuerzan con una pequeña cámara de video en lograr algo gracioso. Y sí. Una buena intención como esa siempre causa gracia. Pero, seguramente, su objetivo era hacer vibrar a los espectadores con su ingenio, llevándolos a la risa y a las lágrimas. Pero no. Indefectiblemente, usted siempre logra lo segundo. Y apenas en su propia persona.

Si usted es de los que sueñan con obtener, por casualidad, un fruto digno de concurso televisivo, o quiere sorprender con la improvisación, lo logrará. Seguro. Pero sufrirá mucho su autoestima. Con el poder de la casualidad usted únicamente podrá detener frente al monitor a media docena de estupefactos y somnolientos parientes, demás deudos y amigos incondicionales. Y eso si le tienen cariño y no les advirtió con tiempo de la función cinematográfica que les daría.

Pero no se deprima. Ha llegado el momento de ahorrar en tiempo, esfuerzos y vergüenzas ajenas. Llegó el momento del éxito. ¿Cómo apropiarse de él? Pues, domesticando los videos salvajes con el sabio uso del látigo del guión.

El candor y la espontaneidad ganan magnificencia y esplendor con un buen guión. No hay como la planificación para que las cosas luzcan improvisadas. Así que comience a redactar su idea. Sí. Redacte su idea. No, no es posible que usted no tenga alguna. Anímese. Para un video doméstico cualquier tema sirve. Lo que tiene que hacer es desarrollarlo convenientemente. Pero no mucho. Deténgase cuando su escrito vaya tomando el extraño rumbo de las obras de Kant o los razonamientos dialógicos de los existencialistas. Lo mejor para el formato expresivo que nos ocupa es la sencillez de lo doméstico, con Wittgenstein, sus similares y conexos bastaría, aunque se pueden permitir también la presencia de animales salvajes.

No obstante, para su tranquilidad intelectual, es conveniente saber que en los videos domésticos hay un tema universal y único, un tema que no falla: la caída. Tópico profundo, según el filósofo tratante, el médico y las dimensiones del agujero. Hay caídas fenomenales. Pero éstas no se improvisan.

El grabar una buena caída lleva algún tiempo de preparación. La caída de algún gobernante, por ejemplo. Es muy difícil convencerlo de que caiga con cierta gracia. Además los gobernantes no son muy domésticos. Es mejor elegir a un familiar. En estos menesteres la suegra siempre resulta predilecta para el yerno. Si no se entera ella ni la cónyuge de usted. O viceversa.

Prepare, pues, la caída y a su protagonista. El aceite y el agua jabonosa son poderosos asistentes de producción. Y no revelar sus intenciones poéticas es indispensable para el logro de la espontaneidad estudiada. Si decide ser usted el personaje figurante, asegúrese de controlar las condiciones de la caída. Una póliza amplia es lo mejor.

Los niños resultan también actores muy eficaces. Sus accidentes poseen un poder de jocosidad que lleva hasta las lágrimas. Generalmente a los vulnerados y a sus padres cuando pagan las cuentas médicas. Por ello los hijos ajenos son excelentes para los revolcones aparatosos y el enfrentamiento con alimañas. En ellos, además, queda siempre bien la sencillez de cualquier agresión controlada.

Por último, es conveniente recalcar que usted debe ser absolutamente precavido en todo el proceso de preparación de su video, tal como hacen los grandes productores cinematográficos o televisivos. La divulgación anticipada de lo que ellos planifican o lo que están realizando puede llevarlos a una catástrofe económica. También a usted. Los procesos judiciales y los pagos de cárceles son extremadamente caros. Y aunque los jueces se rían, de vez en cuando, pueden condenar por intento de homicidio a alguien que alega que tan sólo quería grabar un buen video doméstico.

No le creerán. Porque para infortunio del género, se llaman videos domésticos sólo a esas largas calamidades con caras familiares, que demuestran un excelente gusto por los detalles intrascendentes, el olvido y los desenfoques en cámaras que se tenían, hasta entonces, como totalmente automáticas.

Pero aún hay salvación, si usted tiene que conformarse con esos engendros domésticos. Conviértalos en videos conceptuales de naturaleza salvaje. Disfrácelos, con un buen discurso, de minimalistas, impresionistas o neorrealista. Aunque con ello no detenga los bostezos y las huidas de sus espectadores naturales y de otros raptados a la felicidad.

Del libro inédito: Consejos Inútiles

LA PRIMERA COMUNIÓN


José Gregorio Bello Porras

El niño asiste a todas las clases de catecismo en preparación a la primera comunión. Sobre todo le parecen interesantes las lecciones del tío, que abunda en historias y leyendas, anécdotas de las vidas de los santos y del comportamiento de los animales.

El niño siempre ha querido hacer la primera comunión. Desde los cuatro años lo intenta fallidamente, pues todos los sacerdotes lo conocen y lo que hacen es darle la bendición y no la hostia, por lo que tiene que imitar su consumo en sus juegos, con galletas María, donde él mismo tiene que celebrar sus misas y tomar refresco de uva en vez de vino en las copas de cristal que guardan en la vitrina del comedor.

El niño sabe todas las lecciones del Catecismo de la Doctrina Cristiana, formulado por el Arzobispo Arias e impreso como una especie de folleto grande azul y gris. Todas las preguntas y respuestas, en secuencia o salteadas, las puede recitar. Todas las oraciones y signos y las cosas que no están escritas sino que sólo fueron dichas a viva voz, las puede reproducir como si leyera un gran libro en la pared o en el aire.

Por ello, a pesar de su edad se le concede el derecho a comulgar en solemne celebración a celebrarse un veintitrés de mayo, fecha sin especial interés, porque en la prevista se casa el tío José en una ciudad lejana y toda la familia, incluyendo el tío, debe estar presente.

Los preparativos formales son casi tan exigentes como los intelectuales o los espirituales. La compra del traje azul marino es un acontecimiento circunspecto. El anterior traje, uno gris de pantalón corto, le fue mandado a hacer con un sastre. Este traje azul ya estaba hecho. Y al niño le sorprendió mucho el hecho de que adivinaran sus medidas. Lo usaría con una camisa blanca con el cuello por fuera del saco. Nada de corbatas. A la manga irá pegado con alfiler el lazo conmemorativo. Las manos enguantadas llevarán una vela blanca adornada con otro lazo y un misal de tapas duras de blanco nacarado, marcado con un rosario. La madre también mandó a hacer una torta para el solemne desayuno que seguiría a la comunión.

Tres días antes del hecho, se lleva a cabo un retiro espiritual. Todos los aspirantes se reúnen a puertas cerradas en la iglesia durante todo el día para escuchar un interminable sermón del tío párroco. Muchas alusiones infernales hacen que al niño le parezca el acto poco celestial. Sin embargo, disfruta las meriendas comunes para todos los candidatos a primo-comulgantes y la práctica casi inútil del silencio durante todo el día.

En el retiro espiritual tiene lugar la primera confesión. El sacerdote ayuda al niño con una larga lista de pecados que este ni siquiera imaginaba que existían. Aprende palabras como libidinoso, actos lascivos, voluptuosidad, vicios secretos impudicia y otras muchas que olvida sin llegar a enterarse de su significado. Una atmósfera cargada de temor rodea el acto. Y el niño evoca una película de terror donde aparece un templo gótico, parecido al confesionario de oscuras maderas donde se oculta el confesor como si fuese un ser de las tinieblas.

El día llega. La iglesia está cargada de flores e incienso. El órgano resuena en todas sus inmediaciones. Los niños se organizan en las primeras filas de bancos. Con sus disímiles trajes. El niño observa al que parece disfrazado de capitán de la marina. Sólo le falta la gorra. Ve a las niñas, algunas como monjas enanas y otras como novias abandonadas. Pocos niños adoptan la sencillez como él, de traje y camisa abierta. Muchos exhiben botones dorados y corbatas parecidas a la de Bat Masterson. Otros presentan lazos de moño de diverso color y forma. Y uno que otro viste un simple liqui liqui.

La ceremonia es larga y en estricto ayuno. Está cargada de cantos y emociones. Un niño se marea y cae como bulto redondo en el banco. Otro tose en la homilía y el párroco lo mira con fulgurantes ojos. Una niña vomita su amplio traje de tul tras aspirar los aromas entremezclados de perfumes, incienso y flores excesivamente.

El niño de la casa es piadoso. Y le emociona el acto de comulgar. Por ello su silencio es auténtico. Y no sólo el producto de la fatiga expectante por el chocolate, la torta y el abundante desayuno.

Las fotos en los altares sirven de final a la ceremonia. Los niños suben a todos los altares. Posan junto a ángeles, vírgenes y santos. Familias enteras sonríen a los flashes entre gran alborozo. La iglesia deja de ser un murmullo y se convierte en un griterío. En un mercado de la imagen para el recuerdo.

Más allá del desayuno y los regalos el niño espera ansioso el día siguiente. El de la comunión de perseverancia. No tanto por su significado religioso sino porque es la señal inequívoca que antecederá su primer viaje en avión.

Allí constatará lo que ya pudo darse cuenta en la ceremonia de la primera comunión. Que el cielo no está en las nubes ni en otro lugar sobre la tierra.