sábado, 24 de mayo de 2008

El paso de la Serpiente

José Gregorio Bello Porras

Miro las hojas que fui dejando en el camino

para no perderme de regreso

a sabiendas que nadie las comería

Algunas palabras

han envejecido

sobre sus amarillentas

superficies

Tanto

que en el otoño mental

se confunden con el paisaje

y se visten de tierra

con la esperanza de renacer

en otras palabras vivas aún


Cada segundo

del reloj de mi vida

me persigue furibundo

para reclamarme

el uso

o el descuido

que le he dado.

Para quejarse

aceleradamente,

acerbamente,

de su inútil existencia

perdida en el tiempo

¿pero qué sabe él lo que es el tiempo?


Escucho en el silencio

los pasos que

me siguen

de cerca

Vigilan mi sombra

Se guardan en mi quietud

Quiero ver su sonido de ecos distantes

Volteo

Y solo observo mis huellas

en el polvo

que aún no ha caído a tierra

Puedo sólo imaginarme

en ese doble,

en ese otro yo

hecho de sonido,

que el espejo apenas refleja

como un murmullo de voz

antigua

afónica


Pasa la serpiente

de los días

Sinuosa

A veces

deja el rastro de su piel.

En otras migraciones

sólo el tenue vestigio

de un camino.

Polvo

Lo que sea

desaparece

en el tiempo

o en el viento


Van quedando las cosas

regadas en la vida,

largo pasillo

que limpia el viento

Van volando los recuerdos

hasta el filo de la memoria

que los desintegra

Todo queda

atrás

Todo se olvida


1 comentario:

Armando José Sequera dijo...

Hola, José: me gustaron mucho los poemas, especialmente, el del paso de la serpiente. Debe ser por lo que tengo también de ofidio oriental. Y de individuo que ve pasar la sierpe de los días. Veo que estás escribiendo bastante, con esto de los blogs. Y lo estás haciendo muy bien. Enhorabuena.